Azúcar & Metabolismo

3 mayo 2020 Nutrición  

Azúcar & Metabolismo

¿Qué entendemos por azúcar?

Es muy frecuente que al preguntar por el consumo de azúcar a mis pacientes me contesten con un rotundo: –¡No! ¡Yo no tomo nada de azúcar!

Esta respuesta se refiere, en la mayoría de los casos, a que no añaden el “azúcar de mesa” a las comidas, ni al café, ni al té, etc. Se quedan con cara de póquer cuando les empiezo a explicar qué es realmente el azúcar y dónde se encuentra.

Por eso considero tan importante hablar en primer lugar de qué es el azúcar propiamente, y extender la información acerca de dónde lo encontramos.

 
Para empezar tenemos el anteriormente citado, que denominamos comúnmente como azúcar de mesa. Se trata de la sacarosa: un disacárido formado por glucosa y fructosa. Este es fácil de localizar y todo el mundo lo conoce. Es una molécula procesada, simple, de absorción rápida. Puede ser más o menos refinado, pero su composición sigue siendo mayoritariamente sacarosa. Cuando está encima de la mesa es fácil de ver, pero cuando lo añaden a los alimentos se complica su localización…

Por otra parte tenemos el azúcar natural, presente en la composición original de numerosos alimentos, a los que denominamos hidratos de carbono (HC). Estos también son azúcares y encontramos dos tipos según su composición bioquímica (simple o compleja):

• HC simples: de absorción rápida (frutas, leche, miel, etc).
• HC complejos: de absorción lenta (almidones, cereales integrales).

En último lugar tenemos el azúcar añadido. Son todos aquellos azúcares que se añaden durante el procesamiento de los alimentos. Son azúcares de absorción rápida, formados por glucosa y fructosa como el azúcar de mesa. Estos tienen un sinfín de nombres distintos que confunden al consumidor: maltosa, dextrosa, sacarosa, maltodextrina, jarabe de… etc. En esta categoría podéis incluir toda la bollería, refrescos, siropes, y la mayoría de alimentos procesados, ¡por no decir casi todos!

Nota importante: Cuando en un etiquetado vemos: sin azúcares añadidos, significa que no se le han añadido azúcares de manera artificial, pero atención, ¡eso no quiere decir que no lleve azúcar!

Pero, ¿entonces? Qué complejo saber lo que llevan los alimentos, ¿no?

A modo práctico os doy un truco fácil, simple y que os repetiré sin cesar: si no lleva etiqueta y no va envuelto, ¡siempre es buena opción!

 

Metabolismo de hidratos de carbono, grasas y proteínas:

• ¿Qué es el metabolismo?
• ¿De dónde saca el cuerpo la energía?

El metabolismo es el conjunto de reacciones bioquímicas que se producen en el organismo para producir energía. El cuerpo obtiene energía a través de los alimentos y la transforma para poder realizar todos los procesos que suceden en nuestro organismo, con tendencia a equilibrar la oferta y la demanda de energía.

Principalmente, el cuerpo humano obtiene energía utilizando la glucosa, que es el producto final de la degradación de los azúcares. La glucosa es el combustible del cuerpo y, sobre todo, del cerebro.

El metabolismo es el conjunto de reacciones bioquímicas que se producen en el organismo para producir energía.

Los alimentos entran en el cuerpo y son modificados hasta ser reducidos a moléculas simples, lo que se conoce como glucosa. El organismo utiliza la glucosa que necesita para funcionar correctamente y la sobrante la almacena en forma de reserva: aquella que se acumula en el hígado y en menor medida en el músculo la llamamos glucógeno, a diferencia de la que encontramos en los adipocitos en forma de grasas.
Por eso, cuando aportamos más glucosa de la que gastamos, acumulamos grasa y ganamos peso. La función de estas reservas es procurar que no falte nunca combustible ante situaciones límite o inesperadas. Mecanismos de supervivencia.

 

 

El organismo utiliza la glucosa que necesita para funcionar correctamente y la sobrante la almacena en forma de reserva: glucógeno en el hígado y grasas en los adipocitos.

Cuando el cuerpo necesita energía y no hay ingesta de azúcares en la dieta, empieza a sacar energía de las reservas previamente almacenadas, empezando por el glucógeno y posteriormente con las grasas. Es por eso, que a medida que transcurra el tiempo sin ningún aporte de glucosa, irá disminuyendo la grasa y perderemos peso.

No obstante, el organismo no puede reconvertir las grasas en glucosa. En este proceso se producen en el hígado lo que denominamos cuerpos cetónicos, que son producto del metabolismo de las grasas para que aporten energía. Estos no son otra cosa que grasas cortadas en trozos muy pequeños. El cerebro prefiere la glucosa, sin duda, pero en caso de no disponer de ella utilizará los cuerpos cetónicos como principal fuente de energía.

Nota importante: Los cuerpos cetónicos son muy ácidos y pueden modificar el pH. Eso puede llegar a ser peligroso, así que máxima precaución en dietas cetogénicas: es altamente recomendable que esté bajo supervisión de un profesional.

En caso de agotarse las reservas de energía (glucógeno y grasas) el cuerpo empezará a sacar la energía de las proteínas. Pero, ¡atención!, las proteínas son “las protegidas”, el cuerpo trata de mantenerlas intactas porque son nuestra base estructural. Este último recurso significaría consumirse a si mismo, por lo tanto, llegar a esta situación es grave aunque poco frecuente.

Principalmente, el cuerpo humano obtiene energía utilizando la glucosa, que es el producto final de la degradación de los azúcares. La glucosa es el combustible del cuerpo y, sobre todo, del cerebro.

Para que la glucosa pueda ser utilizada necesita la participación de la insulina. Esta es una hormona segregada por el páncreas que va a facilitar la entrada de la glucosa a la mayoría de células del cuerpo. Cada vez que ingerimos hidratos de carbono se produce un pico de insulina que los acompaña.

Cuando se abusa de los azúcares, la producción de insulina es continua y el pico se vuelve una máxima constante. Esta presencia prolongada de insulina provoca que los receptores de la misma sean cada vez más resistentes, es decir, menos sensibles a ella, y su efecto disminuye.
Este proceso se denomina resistencia a la insulina, una fase previa a la diabetes.

Si los niveles de azúcar siguen siendo elevados continuamente habrá un momento en que el páncreas, sobreexigido, dejará de ser capaz de producir la insulina necesaria para tal resistencia y será necesario un tratamiento sustitutivo. Esta situación límite, bastante común en la edad adulta, es lo que conocemos como diabetes tipo II.

¡Escojamos fuentes de energía beneficiosas para nuestro organismo!

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