Cuerpo & mente

8 abril 2020 Cuerpo & Mente  

Cuerpo & mente

“Mens sana in corpore sano

Si tuvieras que mencionar uno de los pilares fundamentales para mantener un buen estado de salud, ¿cuál sería?

–¡El ejercicio físico!– respondería la mayoría sin dudarlo.

Esa información la transmiten los médicos desde tiempos inmemoriales y todos la tenemos más que interiorizada. A pesar de ello, la inactividad física sigue siendo uno de los principales factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares, cáncer o diabetes, aumentando también el riesgo de mortalidad a nivel global.

Esta afirmación es de la OMS y lo demuestra con datos objetivos:

– En 2010, a escala mundial, alrededor del 23% de los adultos de 18 años o más, no se mantenían suficientemente activos (un 20% los hombres, 27% las mujeres).

– El 81% de los adolescentes de 11 a 17 años de edad no se mantenían suficientemente activos, las chicas eran menos activas que los chicos (un 84% de ellas incumplía las recomendaciones de la OMS, por un 78% de los varones).

“Los niveles bajos o decrecientes de actividad física corresponden sobre todo con regiones donde el producto nacional bruto es elevado o creciente. También con factores ambientales desfavorables (violencia, tráfico denso, contaminación, falta de zonas verdes y equipamientos).”

En definitiva, la teoría está más que clara, pero ponerlo en práctica es lo que nos resulta más complicado.
–¿Por qué?– Porque el tipo de vida a la que nos exponemos actualmente, especialmente en los países del primer mundo, nos lleva a adoptar una inercia tan acelerada, que acabamos perdiendo la noción del momento presente. ¿Cómo estoy? ¿Cómo me siento? ¿Qué necesita mi cuerpo? Estamos tan ocupados que ni siquiera lo sabemos, o lo desatendemos.

¿Cómo estoy? ¿Cómo me siento? ¿Qué necesita mi cuerpo? Estamos tan ocupados que ni siquiera lo sabemos, o lo desatendemos.

El ambiente de la mayoría de sociedades es altamente estresante, nos exige atención y una dedicación absorbente. Nos inmerge en un estado frenético y ponemos el piloto automático, ignorando la reducción de movilidad que eso nos provoca. El cuerpo quisiera “salir corriendo”, escapar de esa situación de estrés, pero está sumido en esa inercia y se queda sentado, bloqueado.

Esos procesos antinaturales tienen sus consecuencias. La tendencia creciente hacia estados sedentarios es sin duda una cuestión de salud pública que debe atenderse inmediatamente. Sobre todo porque cada vez ocurre en edades más tempranas, con todo lo que eso puede repercutir en la etapa adulta.

…el tipo de vida a la que nos exponemos actualmente, especialmente en los países del primer mundo, nos lleva a adoptar una inercia tan acelerada, que acabamos perdiendo la noción del momento presente.

El cuerpo humano tiene una estructura compleja, todavía más si le añadimos el factor mental, que está directamente relacionado con el funcionamiento de nuestro organismo. Es por ello que si el cuerpo sufre, la mente también sufre las consecuencias. Ese estrés contínuo que percibe el cuerpo se transmite a la mente, y vicerversa: el estrés mental lo recibe el cuerpo.

Las hormonas del estrés tienen mucha repercusión en todo nuestro organismo (se dedicará un artículo específico para profundizar en esta temática). La respuesta fisiológica del cuerpo al estrés es la de huir. Si no lo hace, se queda completamente bloqueado, física y psíquicamente. El estado de estrés crónico que vivimos nos deja en un bucle tóxico que nos impide gozar de un buen estado de salud.

La tensión es quien crees que debes ser, la relajación es quien eres. Proverbio chino

Uno de los pilares para gestionar el estrés, además de la actividad física, es aprender a respirar y relajarse. Parece fácil y evidente, pero de nuevo, a nivel práctico resulta ser más difícil de aplicar.

Inmersos en el ritmo caótico al que estamos sometidos diariamente, olvidamos cómo respirar correctamente y nos privamos de momentos de relajación profunda para poder conectar con nuestro cuerpo y nuestra mente.

Uno de los pilares para gestionar el estrés, además de la actividad física, es aprender a respirar y relajarse.

El objetivo de las afirmaciones citadas anteriormente es que sean percibidas como un mensaje para la concienciación, nunca como una muestra de actitud catastrofista.
Los datos son objetivos y hablan por si solos: simplemente son signos de alarma para darnos cuenta de que algo no está funcionando y que podemos ponerle remedio.

Reconocerlo e identificarlo en nosotros mismos es el primer paso para decidir qué cambios deben de producirse en nuestra vida cotidiana, por pequeños que puedan parecer. Hay simples detalles que pueden ayudarnos significativamente a mejorar nuestra calidad de vida, y por lo tanto, nuestra salud.

¡Tomemos consciencia de nuestro cuerpo físico y mental para ganar salud!

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