Estrés

11 mayo 2020 Cuerpo & Mente  

Estrés

Oímos muy a menudo hablar sobre el estrés. Todo el mundo va estresado y cada vez más gente sucumbe y acepta ese estado como la normalidad.

Antes de que la pandemia del Covid-19 fuese noticia, estaba escribiendo un artículo sobre la pandemia silenciosa que acecha a la sociedad moderna desde hace años, y para la cual nunca se han tomado medidas de salud pública: se denomina estrés.

El estrés se ha mantenido y heredado a lo largo de la evolución humana porque actúa como agente de protección. Es un mecanismo de defensa que durante siglos nos ha ayudado a sobrevivir. Sin embargo, en la actualidad está jugando en contra de nuestra salud.

La pandemia silenciosa que acecha a la sociedad moderna desde hace años, y para la cual nunca se han tomado medidas de salud pública, se denomina estrés.

Es un mecanismo que se activa para permitirnos la huida. Huir de cualquier peligro, de cualquier depredador que nos pueda atacar (por ejemplo un león que pretenda acecharnos). Esa situación de alerta activa el sistema simpático, que producirá adrenalina, noradrenalina y la hormona del estrés por excelencia, el cortisol.

Esta cascada hormonal va a preparar a nuestro cuerpo para facilitar la huida. Se acelera el corazón (aumento presión arterial), se abren las vías aéreas para optimizar la obtención de oxígeno, se dilatan las pupilas para agudizar la visión, y se mejora la irrigación y la contracción de todos los músculos para correr lo más rápido posible, preparándonos para un gran esfuerzo.

Al mismo tiempo se inhibirán todas las acciones del cuerpo dispensables para la supervivencia: ganas de orinar o defecar, sensación de hambre, etc. Se inhibirá lo que se llama el sistema parasimpático.

Como imaginaréis, nuestra especie ha conseguido sobrevivir durante siglos gracias a todo estos mecanismos, por instinto. Por eso seguimos manteniendo esa información en nuestros genes: ha resultado un gen útil y eficaz para no extinguirnos.

Los mecanismos del estrés han aportado a la especie humana una información genética útil y eficaz para no extinguirse.

Pero, ¿qué ha pasado en los últimos tiempos?
Que lo que tendría que ser un mecanismo de defensa puntual está activado casi todo el tiempo.

Seguramente hemos diseñado sociedades más seguras y cómodas, además de haber aprendido a convivir algo mejor, supuestamente. Aun así, vivimos en un sistema donde nos sentimos amenazados continuamente, ya sea por la presión laboral, la escasez económica o la impotencia por no poder seguir los modelos preestablecidos. Eso provoca que el sistema de huida lo tengamos activado todo el tiempo.

Lo que naturalmente debería de ser una reacción puntual, produciendo picos de cortisol y adrenalina, la estamos convirtiendo en una producción continuada que puede conllevar graves consecuencias metabólicas, neurológicas e inmunológicas. Especialmente el cortisol, porque la vida media de la adrenalina es muy corta.

El estrés debería de ser naturalmente una reacción puntual, pero lo estamos convirtiendo en un proceso continuado que puede conllevar graves consecuencias metabólicas, neurológicas e inmunológicas.

Uno de los efectos del cortisol es debilitar el sistema inmune. Es sumamente importante, y más en estos tiempos de incertidumbre, bajar al máximo los niveles de estrés para garantizar nuestro equilibrio interno, que hará frente a las posibles agresiones externas.

¡Minimicemos el estrés para que nuestro sistema inmune esté al 100%!

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