Por qué el yoga me cambió la vida

19 mayo 2020 Cuerpo & Mente  

Por qué el yoga me cambió la vida

Un poquito más de mí

Creo que estaremos de acuerdo en que la inercia que solemos llevar en nuestras vidas es altamente acelerada, ya sea porque el modelo social lo demanda o porque nosotros mismos nos viciamos a esa productividad e inmediatez.
Nos escuchamos poco y desatendemos nuestro bienestar interno porque “no tenemos tiempo para eso”. Nos detenemos solamente cuando sentimos alguna dolencia (o ni siquiera).

El mundo sanitario no es una excepción. Debería, teóricamente, fomentar hábitos saludables, pero apenas los transmite y en absoluto predica con ello.

Los estudios de Medicina son duros y exigentes. Horas y más horas de estudio, oposiciones, etc. Es una carrera preciosa, pero muy sacrificada. Al llegar al mundo laboral la cosa no mejora, más bien todo lo contrario. Aprendizaje estricto bajo presión, responsabilidad, horarios irregulares, guardias, etc. Además, yo llegúe a Suiza sin hablar apenas francés, sola, y sin experiencia médica. Os podéis hacer una idea.

En este proceso descubrí lo que eran las contracturas crónicas de espalda, el dolor de cabeza, los dolores menstruales invalidantes, y mi íntima amiga: la ansiedad. ¡Menudo cuadro!

Cuando estaba a punto de tirar la toalla y dedicarme a la vida contemplativa en Nepal, conocí el yoga. Y me cambió la vida. Os hablo del yoga auténtico, no del fitness de algunas empresas de servicios deportivos donde se utilizan posturas de yoga. Eso no es yoga. Puede ser una actividad física positiva, pero no es yoga.

 

 

El yoga me sirvió para aprender a respirar (sí, ¡no sabía hacerlo!), a observar la mente y los pensamientos (y entender que a veces es mejor no hacerles mucho caso), a sentir mi cuerpo, moverlo, equilibrarlo, alinearlo, darle fuerza y expandirlo. Parecen cuestiones obvias, pero estaba tan bloqueada que parecía una tortuga con su caparazón. Me introdujo también en el mundo de la meditación y el momento presente. Fue realmente un descubrimiento. Entraba a clase ofuscada y salía flotando. Con solo una hora de diferencia entre esos dos estados.

Ya no he podido parar de hacerlo. Y la sensación de bienestar ha sido cada vez mayor. En este sendero yogui tuve la gran suerte de conocer a @paulabande, una de las mejores profesoras de yoga, sin duda alguna. Con ella descubrí más en profundidad el yoga terapéutico y cómo podía ayudar a muchxs de mis pacientes a través de él.
Iré compartiendo con vosotrxs algunos consejos posturales para las dolencias que vemos más frecuentemente en consulta y las variaciones según el momento del ciclo menstrual.

Si me pedís consejo acerca de qué actividad física completa podéis realizar, el yoga es, sin ninguna duda, una buenísima opción. Hay muchos tipos de yoga, de ti depende encontrar el que más te guste.
Yo practico HathaVinyasa (un yoga “más físico”) pero hay muchas variantes que se adaptan a diversos perfiles.

¡Animaos a probarlo y contadme qué tal os sienta!

Namaste

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