Síndrome metabólico

22 abril 2020 Nutrición  

Síndrome metabólico

Síndrome metabólico: La gran epidemia.

¿A qué nos referimos exactamente cuando hablamos de este síndrome?

El síndrome metabólico engloba una serie de alteraciones metabólicas que conllevan un aumento en el riesgo de padecer enfermedades, especialmente:

  • cardiovasculares: afectación del corazón (infartos)
  • cerebrales (ictus)
  • renales (insuficiencia renal)
  • hepáticas (hepatopatía metabólica)
  • desajustes hormonales, etc.

¿Cuáles son estas alteraciones metabólicas y cómo las detectamos?

Desafortunadamente, este tipo de desórdenes son silentes: no presentan síntomas evidentes y solo podemos detectarlos de manera fortuita, cuando se realiza una analítica de rutina. En caso de aparecer algún síntoma significará que algún órgano ya está afectado, es decir, el daño ya estará hecho sin haber podido prevenirlo. La obesidad es la única alteración perceptible.

…este tipo de desórdenes son silentes: no presentan síntomas evidentes y solo podemos detectarlos de manera fortuita.

¿Qué factores de riesgo implica el síndrome metabólico?:

  • Obesidad (especialmente grasa alrededor de la cintura)
  • Alteraciones del azúcar (resistencia a la insulina / diabetes)
  • Aumento del colesterol y/o aumento de los triglicéridos
  • Hipertensión arterial

¿Debería de tomar medidas si presenta solo uno de esos factores? –Absolutamente, SÍ.
Cada uno de ellos representa un riesgo por si mismo, así que cuantos más factores encontremos en nuestro organismo, más complicaciones pueden aparecer.

Y si los síntomas son impercetibles, ¿cómo debería de actuar para estar segura de mi estado de salud? –Quizás con analíticas frecuentes para ir revisando si aparecen –pensarán algunos–.
Lo cierto es que con ese método se podría saber, pero se convertiría en una práctica obsesiva y colapsaría los centros sanitarios innecesariamente, así que lo desaconsejo rotundamente.

–Entonces, ¿cómo? –se seguirán preguntando muchos–.
La respuesta está mucho más cerca de lo que imaginamos, y al alcance de todos: para prevenir todas las alteraciones citadas anteriormente basta con llevar un estilo de vida saludable. Sin necesidad de ninguna medicación adicional. Sin chequeos periódicos.

Y, ¿qué es un estilo de vida saludable?
Un estilo de vida saludable es gozar de un estado de bienestar físico, emocional y social. Ese estado se alcanza mediante una alimentación saludable y consciente, además de proporcionarle actividad física a nuestro cuerpo, ¡a mover el esqueleto!
Estas prácticas repercuten positivamente a nuestro equilibrio mental, reduciendo cualquier factor de estrés, al que solemos someternos con demasiada frecuencia.
En esas condiciones es cuando podemos tener una vida saludable. Fácil, ¿no? Y además, ¡está a nuestro alcance conseguirlo!

Para prevenir la obesidad, las alteraciones del azúcar, el aumento de colesterol y la hipertensión arterial, basta con llevar un estilo de vida saludable.

Entonces, ¿por qué sigue extendiéndose como una epidemia?
–La respuesta es evidente –pienso yo–. Sencillamente llevamos una vida poco saludable.

Esta afirmación es indiscutible y al mismo tiempo alarmante. Si hay alguien que pueda ponerla en duda, seguramente se deba a la preocupante adaptación de la sociedad a ciertos hábitos que perjudican nuestra salud; como el sedentarismo, la alimentación pobre en nutrientes, o el estrés, factores que se han ido extendiendo y normalizando sin que nadie se cuestione los efectos nocivos que nos provocan.

 

 

Generalmente, la responsabilidad que tenemos ante nuestro propio estado de salud se limita a un chequeo anual para comprobar que todo va bien, o que al menos no va mal. Eso sí, si hay alguna complicación, pensamos directamente en recurrir a la medicación. Paradójicamente, pocos se plantean cambiar aquellos hábitos que le han perjudicado la salud.

¿Por qué haríamos algo tan contradictorio?
–No tengo tiempo –alega uno. –Siempre lo he hecho así –asegura ella. –Porque de todas maneras con la pastilla ya lo regulo –justifica otra paciente.

Así, una lista interminable de pretextos que la mente es capaz de crear para encontrar una respuesta fácil, práctica o cómoda a sus necesidades inmediatas, ignorando los efectos secundarios que pueden conllevar esas decisiones. El punto de todo esto es: ¿Tenemos todas la información y la educación suficientes para tomar decisiones conscientes?

Si hay alguna complicación, pensamos directamente en recurrir a la medicación.
Paradójicamente, pocos se plantean cambiar aquellos hábitos que le han perjudicado la salud.

Sin ánimo de juzgar cómo decide vivir cada quien, invito a toda la gente a involucrarse activamente con su estado de salud. Esa es la misión de mi proyecto, dedicar tiempo de calidad al paciente, con calidez, para aportar herramientas que le ayuden a mantener un estilo de vida saludable. A su medida, adaptándome al ritmo que necesite cada uno, de forma personalizada. ¿No te parece que con una ayuda bien enfocada podrías mejorar tu salud y tu vida de una forma natural, respetando tu cuerpo y con garantías a largo plazo?
¿Te animas a practicar conmigo un método equilibrado y preventivo?

 

 

Los médicos hacemos cuanto podemos, pero existen ciertas limitaciones en el sistema y la industria también esconde intereses. Aun así, todos debemos de tener muy presente que no se está tratando el problema desde la raíz y que los métodos actuales son a base de parches: de forma rutinaria se escriben recetas en cuestión de un minuto con una estatina para tratar el colesterol, o con un antidiabético para regular el azúcar, o con un antihipertensivo para bajar la tensión arterial. ¡Visto y no visto!

Es hora de revolucionar el sistema médico actual. Sin reproches, simplemente con una visión crítica y constructiva para mejorar el modelo y ofrecer prestaciones más eficientes, tratando el problema desde la raíz.

En este contexto limitado se le dedican solamente cinco minutos a cada paciente. Se le da una explicación directa y científica sobre los riesgos a los que está expuesto. Y, ¿cuál es el resultado de la consulta? Que el paciente se va con el miedo en el cuerpo y con una receta en la mano, pensando nada más en medicarse cuanto antes y, probablemente, ignorando el origen de sus dolencias. Esta cuestión merece una seria reflexión, ¿no creéis?

¿No te parece que con una ayuda bien enfocada podrías mejorar tu salud y tu vida de una forma natural, respetando tu cuerpo y con garantías a largo plazo?
¿Te animas a practicar conmigo un método equilibrado y preventivo?

Apunte a destacar: todo lo descrito en este artículo es a grandes rasgos. Se excluyen de algunas afirmaciones las personas que presentan alteraciones metabólicas congénitas, hereditarias, etc.
También es necesario matizar que en los casos donde se haya sufrido previamente una enfermedad cardiovascular, como infartos o ictus, se recomendará complementar el estilo de vida saludable con medicamentos. Los buenos hábitos son siempre beneficiosos, sin duda, pero en casos sensibles será necesario reducir al máximo el riesgo de que aparezcan complicaciones.

¡Adoptemos hábitos saludables para prevenir los factores de riesgo!

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